Me violó

No fue que me quitó la ropa y me penetró sin mi permiso, pero la sensación que me dejó después de lo que me hizo es la misma que te deja una violación.
Esa sensación de culpa, de suciedad, te sentís como la basura más grande del planeta, piensas que es tu culpa, pero en el fondo sabes que no lo es, pero no podes evitar pensar y sentir que vos lo provocaste, que te le insinuaste, que te lo buscaste; no importa si tienes cuatro años o si tienes dieciocho, la sensación siempre es la misma.
Lo peor es que yo sabía que iba a pasar, pero no pude hacer nada para evitarlo, me dijeron “vaya a la casa por el helado” comencé a caminar y él me dio “yo te acompaño”, le respondí que no hacía falta, que yo podía ir sola, pero él insistió en ir conmigo.
Caminamos en silencio hasta mi casa, mientras abría la puerta de mi casa, mi manos temblaban sin cesar, mi corazón se quería salir de mi pecho, entre caminé hasta la cocina, tomé el helado del refrigerador, él me dijo “dame, yo lo llevo”, luego caminamos hasta la puerta, pensé que todo había acabado, pero no era así.
Estábamos a un metro de la puerta de la casa y él dejó de caminar, me miró fijamente, con miedo le dije:
-       ¿Qué?
-       Nada, seguí caminando.
-       Pasa vos primero, que yo soy la que tengo que cerrar.
Caminó hasta la puerta, yo lo seguí con la mirada clavada en el piso, llena de terror, ahora sí, nada había pasado, todo estaba bien. Pero yo no podía estar más equivocada. En el instante que cerré la puerta sentí como con la mano que sostenía el helado me agarró una nalga, me volví para decirle que me soltara, pero con la otra mano, me tomó por el pelo y me besó, intenté quitármelo de encima, pero yo solo mido 1,54 m y peso 55 kilos, él mide 1,85 m y pesa 95 kilos, aunque lo empuje no logré hacerle ni cosquillas, tal vez pasaron 15 segundos pero para mí pasó todo una hora, de sentir sus labios presionados contra los míos, su mano en mi nalga. No sabía cómo quitármelo de encima, hasta que le dije rápidamente “Nos va a ver la cámara”.
Se alejó y me vio a los ojos, estoy segura de que vio el terror que había en mis ojos, que vio como se comenzaban a llenar de lágrimas y como comencé a temblar del miedo, así que se dio media vuelta y me dijo “Que no se te olvide ponerle llave a la puerta”.
A pesar del temblor que tenía, logré cerrar la puerta, secarme las lágrimas y volver a la fiesta a fingir que no había pasado nada. Cuando volvimos me dijo en veinte ocasiones que me quería, que se acordaba de cuando yo era una bebé y él jugaba conmigo.
Mientras él hablaba yo intentaba contener las lágrimas, intentaba no pensar en lo que había pasado, el resto de la fiesta se me hizo eterna. Al final cuando se despidió de mi, me dijo al oído “Adiós, mi amor”

Ahora estoy llorando en baño, pudriéndome en odio, mientras que él volvió a su vida, con su novia, yo estoy sufriendo, como tantas otras veces.